Si estamos discriminadas en el ejercicio del poder…debe ser por falta de méritos

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Pido unos segundos de atención al siguiente argumento que aparece en una información que publica hoy el diario El País sobre la “interesante lucha”, según sus propias palabras, que mantiene la Comisaria Reding por establecer las cuotas para mujeres en los Consejos de Adminstración de las empresas europeas.

“Guy Bailey, directivo de la Confederación Británica de Industria (CBI), añade un motivo más: “La mayoría de mujeres de negocios del Reino Unido lo tienen claro: no quieren estar en las cúpulas solo porque son mujeres, sino por sus méritos”.

Utilicemos la ironía para desmontar esta falacia: entonces…no le queda otra, Sr. Bailey, que explicar que el problema de que las mujeres no lleguemos a los puestos de dirección es un problema de falta de méritos porque, claro, cómo va a justificar que no estamos en ellos por ser mujeres!!! hombre!! sería reconocer que su Gobierno y las empresas que su organización representan toleran prácticas de gestión que conducen a la discriminación. ¿no?

Y siguiendo la ironía..entonces amigas, necesitamos que aquellas que se identifican con la afirmación de Bailey ( cada vez más mujeres), reconozcan abiertamente que carecen de méritos suficientes para llegar a puestos de responsabilidad ocupados mayoritariamente por hombres. Tranquilizador, no? Si.. por qué no? Es un argumento, digo, lo de la falta de méritos y no el hecho de ser mujer, que dejaría en buen lugar a la empresa y explicaría que alemanas y españolas cobremos hasta un 22% menos que nuestros colegas masculinos por el mismo trabajo.

QUÉ ALIVIO existencial sería que asumiéramos que los bajos índices de participación de las mujeres en los órganos de decisión de las empresas es un problema méritos y NO derivado del rol que nos asigna el modelo social y económico patriarcal, lleno de tópicos y esterotipos como ese de que a las mujeres nos gusta mandar pero no ejercer el poder.¿les suena?

Bromas aparte y en términos economicistas y de competitividad empresarial, me pregunto:

¿pueden permitirse, las Empresas y los Gobiernos europeos, en la competitiva Economía Global del Conocimiento, donde el medio de producción básico es el cerebro, desperdiciar el talento del 50% de su población activa, las mujeres, que constituye además el 60% de los egresados/as universitarios/as simplemente por no reconocer que hay mecanismos sociales y culturales que se activan (no siempre intencionadamente) para perpetuar el desigual reparto entre hombres y mujeres de los poderes de decisión y que solo serán reconocibles si hay una norma que los visualiza y penaliza su tolerancia?

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