La “legitimidad” del poder político de las transnacionales: ¿Proceso irreversible?


El poder acumulado por las empresas transnacionales desde la segunda mitad del S. XX hasta la actualidad no solo ha sido económico sino también político. Este poder político se deja notar en el hecho de que ningún país del mundo queda ya al margen de su influencia, tal y como se ha demostrado tras la crisis financiera de 2008 con el fenómeno de la socialización de pérdidas decretada por muchos de los gobiernos de los más países afectados.

¿Cuál es el papel que en la actualidad deben jugar los gobiernos, la sociedad civil y la ciudadanía como verdaderos agentes del poder legítimo pero también las propias empresas locales o nacionales, para poner freno a la influencia de este poder, que no beneficia ni a la gente ni al planeta y que corre el riesgo de convertirse en un proceso no insostenible sino más bien irreversible.

Evolución de las empresas transnacionales. De la hegemonía del poder económico al poder económico y político.

Entre los muchos artículos divulgativos que el Transnational Institute publica para dar a conocer el poder real de las empresas transnacionales se encuentra esta infografía que revela con claridad su actual poder económico: en el tiempo que se tarda en leer, 25 de estas corporaciones habrán ganado ya  31 millones de dólares.un mundo corporativo

Esta misma institución publicaba en junio de este mismo año el informe sobre el Estado del poder en 2014, en el que además señalaba que tan solo el 0,001% de la población mundial (unas 100.000 personas) controlaban el equivalente a una quinta parte del PIB mundial.

La brecha entre ricos y pobres ha crecido de manera exponencial en los últimos 30 años en el mundo, la pregunta es obvia: ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

Por un lado y tal y como los datos corroboran, ello se ha debido a una creciente dependencia de las economías nacionales del sistema financiero internacional. Un sistema sin un ordenamiento internacional jurídico claro y en constante peligro de riesgo sistémico, si atendemos al hecho de que 48 de las 50 empresas más interconectadas del mundo son bancos, empresas de hedge funds o  servicios financieros.

Por otro lado, el tamaño, nivel de concentración y capacidad de influencia en la agenda política conseguidos por las empresas transnacionales en los últimos 30 años se ha dado gracias a una paulatina cesión de poder legítimo de los gobiernos en favor de los intereses comerciales, al amparo de la ideología neoliberal  promovida por estas empresas.

El poder de las transnacionales se deriva de su capacidad para acumular y concentrar capital, su capacidad de apropiación de la innovación y la tecnología (patentes) y de expansión en diversos países. Entre otros factores positivos de su éxito cabe destacar una gestión empresarial basada en una organización flexible de la producción y del trabajo determinadas por  las ventajas comparativas y competitivas de los países donde operan, tales como el coste de la mano de obra local, el acceso a recursos naturales, etc. Asimismo, su influencia sobre los consumidores a través del control de los medios de comunicación y sus exitosas estrategias de marketing por las que el valor de la marca es superior al del propio producto o servicio.

Pero habría que señalar que a este éxito también ha contribuido la mala praxis del enfoque ético de su gestión, de manera que muchas de estas corporaciones o empresas transnacionales (ETN) son conocidas por escándalos relativos a evasión fiscal en sus países de origen y casos de sobornos y violaciones de los derechos humanos en los países menos desarrollados. Los lobbies de presión o los think-tanks financiados por estas mismas ETN son también instrumentos opacos de “presión” desde cuyas oficinas, ubicadas en los núcleos de poder de los gobiernos, se llegan a redactar borradores de leyes o a diseñar campañas de marketing para defender los intereses de la industria aun a riesgo de conocer que son perjudiciales para la ciudadanía como los de las tabacaleras o las dedicadas a cultivos transgénicos.

El proceso de acumulación de capital ha llevado a estas ETN a controlar las principales bolsas del mundo, controlando, a su vez, el acceso a la financiación de la inversión. Hoy por hoy, el 85% de las inversiones en el extranjero están en manos de estas organizaciones. De ahí su potente influencia sobre los organismos y sistemas financieros internacionales.

Pero, ¿cómo han podido las ETN llegar a este nivel de desarrollo e influencia?

Gracias a otro proceso de acumulación que ha corrido paralelo al de acumulación de capital: la acumulación de poder político.

Su nivel de influencia es tal que los gobiernos de los estados tienen cada vez menos poder de decisión sobre sus políticas macroeconómicas, que son supeditadas a las decisiones adoptadas en los órganos que las corporaciones han creado exprofeso para ejercer este control político.

En ese sentido, la historia de la evolución y transformación de las ETN durante los últimos 30 años es la historia de su transformación en entes políticos de decisión no legitimados por la ciudadanía. Es, pues, la historia de unas organizaciones que, luego de años de connivencia con el poder legítimo del Gobierno, durante la segunda mitad del S. XX, han conseguido socavar esta relación hasta hacer prevalecer sus intereses por encima del interés general. Y, como veremos, han sido los mismos gobiernos los que han permitido.

A finales de los años 60, la presencia de las por entonces llamadas multinacionales en la economía mundial era muy relevante, especialmente las multinacionales norteamericanas. Da cuenta de ello la internacionalización de algunas monedas fuertes como el dólar americano que en tan solo 15 años, desde comienzos de los 60 hasta mediados de los 70, pasó de 3 mil millones en circulación a 75 mil millones, es decir, multiplicó por 25 veces su cantidad en circulación dentro de los circuitos financieros y económicos internacionales.

En los años 90, el volumen de dólares americanos en los mismos circuitos pero fuera del control de los gobiernos ya superaba el trillón, lo que daba cuenta de que las reglas—o la falta de éstas—les dejaron sin capacidad de actuación sobre dichos circuitos.

Las corporaciones demostraban con ello que el capital podía moverse libremente evitando la rigidez normativa de los bancos centrales. Esto explica que en 1971 EE.UU. abandonara el patrón oro, fijado en los acuerdos de Bretton Woods, y comenzara la escalada de la liberalización del mercado de capitales transnacional que aún perdura y cuyo nefasto funcionamiento, sin normas ni reglamento internacional, nos llevó a la crisis financiera de 2008.

En los años 70, el volumen de negocio que movían las corporaciones a nivel internacional exigía nuevas y distintas reglas, más flexibles y menos necesarias de consenso de las que requería el viejo patrón nacido de los acuerdos de Bretton Woods. Es en este momento donde podemos decir que se empieza a superar el concepto de empresa multinacional caracterizada por aquella ingenua idea fordista[1] de que las multinacionales pueden operar bajo cualquier bandera en cualquier país y empieza a emerger lo que conocemos hoy por empresa transnacional, con sus objetivos de acumular capital, conocimiento intelectual y tecnología, así como recursos, operando en cualquier punto del planeta pero manteniendo la identidad jurídica del país donde se encuentra su matriz.

En los años 80, la falta de control de los gobiernos sobre la política monetaria y, con ello, de sus variables instrumentales como la producción y el consumo, se hacía evidente. Pero no solo es el control de la política monetaria lo que los gobiernos irían perdiendo. También su poder e influencia en las relaciones comerciales internacionales. Algunos autores apuntan incluso a que en este periodo comienza lo que denominan una “privatización” de las relaciones diplomáticas en favor de los intereses comerciales de las corporaciones. Una privatización que escora hacia el objetivo de las transnacionales de un mercado mundial sin “reglas” para el capital y el comercio, muy lejos de lo que hubiera sido deseable tras el crack de 2008: hacia la constitución de un sistema jurídico internacional que regulara sus actuaciones. Se estaba produciendo una cesión de poder también en este ámbito.

 

¿Dónde estaban los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial o la ONU mientras esto sucedía?

A finales de los años 70, el comercio del capital financiero era 11 veces superior al comercio de mercancías. Esta cantidad de liquidez en el mercado multiplicó las ganancias de las ETN que, por otro lado, había reducido sus riesgos gracias a su diversificación de productos, servicios y mercados. Este superávit de capital llevó a los bancos transnacionales a prestar a los gobiernos de los entonces llamados países del tercer mundo.

Y respondiendo a la pregunta de este punto diríamos que, dado el contexto, tanto el FMI como el Banco Mundial, así como la ONU, empiezan a adaptar sus estructuras y sus políticas a la coyuntura, ya que en 1982 son nombrados autoridades centrales para las negociaciones financieras internacionales. Cabe destacar que en ese mismo año comienzan los famosos planes estructurales para América Latina, cuyos gobiernos,  como decíamos antes, ya habían empezado a ser acreedores de la banca transnacional. También asistimos a procesos de integración económica entre países como los de la Comunidad Económica Europea, la NAFTA la APEC o el más reciente MERCOSUR.

Mientras tanto, las corporaciones se organizan políticamente fortaleciendo o creando diversas estructuras internacionales desde las que dirigir su influencia. Entre ellas, son de sobra conocidas las siguientes: la OCDE, fundada en 1961 e integrada por 34 gobiernos—también llamada el “club de los países ricos” ya que sus países integrantes suman el 70 % del mercado mundial y representan el 80 % del PNB mundial—comprometida a liberalizar progresivamente los movimientos de capitales y de servicios; la Comisión trilateral, fundada en 1973, una organización internacional privada nacida para fomentar una mayor cooperación entre los Estados Unidos, Europa y Japón; el Foro Económico Mundial, otro espacio político de influencia de las transnacionales donde se dan cita las élites políticas y empresariales para analizar los problemas que enfrenta el mundo.

Emergen también los lobbies y los think tanks—exponentes de la alianza de las corporaciones con el conocimiento científico y tecnológico—entidades al servicio de estas corporaciones, ubicadas en la periferia política de los centros decisión como Washington o Bruselas con el fin de influir en la toma decisiones de los representantes de los ciudadanos.

A mediados de los años 90, con la aparición de la Organización Mundial del Comercio, nacida a partir del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), el Consenso de Washington y el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) en el marco de la OCDE se acelera la configuración  de lo que conocemos como el paradigma neoliberal que domina la política económica de la mayoría de los Estados del mundo.

Paralelamente a estos procesos formales de organización del poder político, las ETN se han armado de instrumentos legales como los Acuerdos y Tratados bilaterales con los que muchas de ellas tratan de evitar la legislación internacional. Muchos de ellos tienen “preeminencia” sobre las leyes nacionales, incluida la misma Constitución de los Estados. Un ejemplo es el Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio e Inversión entre EE.UU. y Europa para regular unos intercambios comerciales que se cifran en más de dos mil millones de dólares diarios. Este tratado no solo introduce cambios en la regulación del comercio de productos—químicos, transgénicos, etc.—que afectarán a la seguridad de los consumidores europeos, sino que, de aprobarse en 2015, permitirá que, en caso de conflicto de intereses, las empresas puedan llevar sus disputas con los gobiernos ante un tribunal internacional de arbitraje, en lugar de que sean dirimidas en los tribunales del país afectado.

En resumen, la acumulación de capital, conocimiento y otros recursos por parte de las ETN va en paralelo a una acumulación de poder político y de un “armamento” legislativo creado al margen del ordenamiento jurídico nacional o internacional. Estos se estructuran y organizan en torno a dos objetivos:

  1. Conseguir “legitimar” su influencia real sobre las decisiones de unos gobiernos que sí están legitimados por la soberanía popular.
  2. Instaurar el paradigma neoliberal como referente de las decisiones de estos gobiernos en materia económica sobre los siguientes principios:
  • Promover la expansión del sector privado también con la privatización del Sector Público.
  • Liberalizar los Servicios Financieros, las trabas al comercio internacional y promover la inversión en el exterior.
  • Fomentar la desregulación laboral.
  • Garantizar el derecho a la propiedad.

Gracias al AMI además, no hay obligación de contratar mano de obra local o producción local en los países donde se invierte, y se ha limitado el derecho a la expropiación de los Estados pero están obligados a indemnizar en los casos en que se exija.

Después de la crisis financiera de 2008, el mapa del poder económico, financiero y político de las ETN se traza sobre las siguientes coordenadas:

  • 000 empresas transnacionales en todo el mundo controlan 810.000 compañías filiales.
  • 737 transnacionales monopolizan el valor accionarial del 80% del total de las grandes compañías del mundo y solo 147 controlan el 40% de todas ellas.
  • De las 50 empresas más interconectadas del mundo y, por tanto, más propensas al riesgo, 48 son bancos, hedge funds o empresas de servicios financieros, en claro riesgo de crack sistémico.
  • Más de cinco mil acuerdos y tratados bilaterales amparan y favorecen la acción de las ETN, bien para cambiar la legislación financiera de los países en los que opera, proteger su inversión en el extranjero o evitar la doble imposición.
  • Con todo el poder económico y político de las transnacionales y el de sus “recetas” de política económica no ha conseguido frenar la desigualdad social y económica que crece exponencialmente en el mundo. Ni siquiera con la incorporación de los llamados BRICS[2]. La brecha entre ricos y pobres es a todas luces insostenible: las 85 personas más ricas del planeta poseen ingresos  equivalentes a los de la mitad más pobre de la población mundial.

¿Es la ciudadanía consciente de esta transferencia de poder hacia las ETN realizada por sus gobiernos? ¿Y de la aparente “legitimidad” que les otorga? ¿Y de los efectos reales de esta influencia sobre la ciudadanía misma y sobre el planeta?

Esta transferencia de poder de alguna manera viene legitimada por la actuación de los gobiernos, ya sea por acción o dejación de sus funciones legítimas. No podemos olvidar que en Democracia se delega sobre ellos la soberanía popular.

Por lo tanto, creo que la ciudadanía es clave en el proceso de recuperación de este  poder político en manos de las transnacionales. Pero también las organizaciones empresariales, nacionales y locales tienen la responsabilidad de asumir la iniciativa para frenar este proceso, incluso por la cuestión práctica de su propia supervivencia.

Esta implicación ciudadana se traduce en una respuesta colectiva enfocada principalmente hacia los siguientes asuntos:

  • Tomar conciencia sobre el problema de la desigualdad global y su relación con el poder alcanzado por las ETN, resultado del mayor protagonismo que le han otorgado los Gobiernos sobre las decisiones que afectan a largo plazo la vida de las personas y del planeta.
  • Reivindicar mayores grados de transparencia e información sobre las decisiones del Gobierno en su relación con las ETN y una participación real sobre aquellas de largo alcance que pueden comprometer el futuro.
  • Pedir una política fiscal justa en términos de distribución de la riqueza que aumente la transferencia del PIB hacia las rentas del trabajo.

La  implicación de las organizaciones empresariales nacionales o locales en la reversibilidad de este proceso se presenta difícil porque el recetario neoliberal impulsado por las ETN, en principio, les favorece. Sin embargo, algunas medidas de este recetario, como la internacionalización vía inversión en el exterior, difícilmente puedan ser llevadas a cabo sin ayudas del Gobierno o sin impactar de manera negativa en la economía local, como sucede en los casos de deslocalización de la producción.

No obstante, su proximidad a los problemas sociales o medioambientales que se dirimen en los mercados y en las comunidades locales donde operan y donde son reconocidas (pues son estos espacios los que les confieren identidad), las sitúa en una posición estratégica. Emergen así como recursos clave para la generación de una nueva conciencia sobre la manera en la que deben hacerse los negocios, enfocada a solucionar y a prever sus efectos negativos sobre las personas y la naturaleza.

El espacio local es un espacio particularmente interesante para ensayar prácticas socialmente  innovadoras para la gestión del procomún[3] que permitan alcanzar un progresivo nivel de igualdad e inclusión social. La escalabilidad de estas prácticas exitosas será imprescindible para crear una conciencia internacional y después global—parafraseando aquel lema del Foro Mundial de Porto Alegre—de que “otra forma de hacer negocios es posible”.

Conclusiones:

El imparable ascenso de las empresas transnacionales en la esfera económica internacional desde finales de los años 70 ha derivado, en la práctica, en una cesión de la responsabilidad del estado en política económica hacia los intereses de estas corporaciones y una consecuente pérdida de poder de los Gobiernos como representantes legítimos de la ciudadanía.

En la era del capitalismo globalizado, cuyos inicios situamos después de la 2ª guerra mundial, no es la connivencia entre los gobiernos y las corporaciones lo que determina el sistema político y económico internacional sino la supeditación de los primeros a las segundas. Ello mismo ha generado, principalmente, una brecha entre ricos y pobres sin precedentes.

Esta pérdida de poder ciudadano en favor de las empresas transnacionales ha sido un proceso auspiciado por las máximas instituciones representantes de la política multilateral en materia económica: el FMI y el Banco Mundial. El apoyo de estas instituciones así como el consentimiento de otras instancias multilaterales garantes del desarrollo y la cohesión global como la ONU, unidos a la falta de un ordenamiento jurídico internacional que regule sus actuaciones, han permitido a estas transnacionales acumular no solo capital y valor agregado sino un poder de influencia política sin precedentes en la historia del capitalismo.

Parapetadas en su poder económico, las empresas transnacionales han sabido organizar este poder y construir todo un “andiamaje” jurídico al margen de los poderes nacionales con el que amparar sus actuaciones y excluir cualquier tipo de responsabilidad individual sobre las mismas. Ello ha sido posible gracias a una actitud laxa de los gobiernos, cuando no auspiciada por estos mismos.

La transferencia de poder hacia estas empresas transnacionales no ha cerrado la brecha entre ricos y pobres sino que la ha profundizado de manera vertiginosa y le ha dado alcance global. Asimismo, la interconexión de las transnacionales, entre ellas y a la vez con el sistema financiero, conlleva un riesgo sistémico que provoca que en caso de crack  ningún país del mundo quede a salvo de sus efectos.

La implicación ciudadana es clave en la reversión de este proceso. El espacio local/nacional se erige como el ámbito idóneo donde construir unas nuevas relaciones de poder entre empresas, sociedad civil y gobiernos. Relaciones derivadas de una conciencia ciudadana sobre los problemas que le afectan, de unas empresas que innovan en sus estrategias de gestión desde la toma de conciencia de estos problemas y de un gobierno que atiende  promoviendo un marco favorable a la innovación social en el sector público y privado y que da  a conocer la escalabilidad de las buenas prácticas con el fin de demostrar que la legitimidad del poder de los negocios se encuentra ineludiblemente en el cómo se llevan a cabo.

Fuentes                                                                                                                                                                     

Kerner, Daniel, “La CEPAL, las empresas transnacionales y la búsqueda de una estrategia de desarrollo latinoamericana”.  Revista CEPAL Nº 79, abril 2003, pp. 85-99. LC/G.2200-P/E.

Revista Globalización, Revista Mensual de Economía, Sociedad y Cultura:  http://rcci.net/globalizacion/index.htm

Transnational Corporate Research:  http://www.tni.org/es

Verger, Antoni, Observatorio de la Deuda en la Globalización, El sutil poder de las transnacionales. Lógica, funcionamiento e impacto de las grandes empresas en un mundo globalizado. Barcelona: Editorial Icaria, 2003. ISBN: 978-84-7426-687-4.

[1] En palabras de un dirigente histórico de la Ford, “Nuestro objetivo es estar presentes en todos y cada uno de los países del mundo, incluso en los países del telón de acero, Rusia o China. Nosotros miramos el mapa del mundo como si no existieran fronteras. Nosotros no nos consideramos básicamente una empresa norteamericana. Somos una empresa multinacional. Y cuando abordamos a quien no simpatiza con EUA, siempre le preguntamos: ¿Con quién simpatiza usted? ¿Con Gran Bretaña? ¿Con Alemania? Nosotros tenemos varias banderas.” Citado por Verger, 2003, p. 12.

[2] http://www.exteriores.gob.es/PORTAL/ES/POLITICAEXTERIORCOOPERACION/PAISESBRICS/Paginas/InicioBrics.aspx

[3] Antonio Lafuente, “Los cuatro entornos del Procomún”. CSIC España http://digital.csic.es/bitstream/10261/2746/1/cuatro_entornos_procomun.pdf

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s