Si Keynes levantara la cabeza…no volvería a descansar. La insoportable cultura del “sobretrabajo”.

Keynes vaticinaba en los años 30 que, salvo errores desastrosos de los Gobiernos basados en políticas de austeridad en contextos de crisis, en 2030, estaríamos trabajando unas 15 horas a la semana. Con esta premisa comienza este artículo publicado en The Guardian “The solution to (nearly) everything: working less”  de Rutger Bregman donde trata de explicar por qué la cultura laboral de “horas interminables e improductivas” es claramente insana. Se sabe que ingenieros o médicos sometidos a la presión de las horas extraordinarias pierden pericia en su actividad lo que puede arrojar riesgos irreversibles; que más horas de trabajo significan más consumo energético y más daño para el planeta. También que la acumulación de jornadas de trabajo no favorece ni  la igualdad de género (más trabajo para las mujeres en casa) ni igualdad intergeneracional, principalmente , en contextos económicos de alto desempleo ya que cada vez son más los trabajadores que retrasan su jubilación limitando así las oportunidades para los jóvenes que desean incorporarse al mercado laboral.

Bregman nos recuerdakeynes que aquellos  países con  más desigualdad en la distribución de su riqueza son los que  tienen semanas más largas de trabajo. Pero también apunta a otra llamativa relación directa: en países desarrollados con semanas más largas de trabajo (tipo EE UU, Japón o Reino Unido)  se consume además más TV basura . ¿Significaría ésto que tener un trabajo “basura ” da lugar a una preferencia por el ocio “basura” ? Sin duda este es otro debate interesante. Hoy por hoy trabajar  sigue siendo un anhelo insatisfecho, frustrante, para millones de personas lo mismo que el trabajo también es motivo de  infelicidad para otros tantos millones de los que trabajan, como demuestran los datos relativos al  gran número de bajas laborales por trastornos mentales que se dan en los países desarrollados.La infelicidad, como dice William Davies, es una externalidad negativa al mismo modelo capitalista de la que, por otro lado, depende completamente.  No es de extrañar, por tanto, que la sobreocupación y la presión  sean considerados por el modelo, y aceptadas por la sociedad, como signos de identidad de éxito laboral y progreso en la vida.El asunto es precisamente de qué vida estamos hablando. ¿De la que queremos o de la que quieren para nosotros? Parafraseando otros argumentos de  Davies diría que reducir las semanas de trabajo, es decir, transitar hacia un modelo económico y social basado en la cultura de “trabajar menos” debería considerarse como un paradigma de bienestar  “ético y teleológico” donde todos los recursos estén a disposición de alcanzar una “vida plena” en la que es posible un equilibrio, real y realista, entre vida y trabajo, entre cuerpo y mente (productividad y salud) donde se está lo más libre posible de la basura mental  del ocio consumista y de toda la basura que, en general,impacta negativamente sobre el planeta. Esto no se alcanza solo con más psicología industrial u organizacional aplicada ni esperando los limitados resultados del coaching o del mindfullness y otras técnicas similares ahora tan vigentes.Se necesita fundamentalmente  de  la política y su consenso, de la economía y un nuevo modelo.

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