¿Por qué Europa no es territorio para emprendedores?

See on Scoop.itActivos en las políticas de empleo

Según el diario, The Economist, de cuyo artículo “curo” la información, Europa no solo padece una crisis de moneda sino que arrastra una crisis de crecimiento que se explica en gran medida por el fracaso crónico de las medidas comunitarias para alentar el emprendimiento.

Los datos, según la publicación, no dejan duda: Europa tiene un problema con la creación de nuevos negocios que fomenten el crecimiento y generen empleos suficientes para frenar el paro galopante que padecen países como España.

Para descubrir los factores de este fracaso, la Comisión europea indagó sobre el tratamiento que se da a los emprendedores en los 27. Y los resultados fueron también bastante desalentadores.

El primer factor que explica este hecho es el tratamiento que se da en Europa a los emprendedores o empresarios insolventes, pero honrados, que prácticamente es el mismo que el que se le da a un estafador, cuando lo que más abundan son precisamente los primeros.

En Alemania uno de estos empresarios, honrado pero insolvente, tarda en recuperarse del desastre económico y personal unos seis años y en el caso de ser un ejecutivo ,el fracaso puede estigmatizarle de por vida.

En Francia la media está en 9 años. Se dan casos de empresarios tratados como delincuentes durante años por deudas, por ejemplo, a la Seguridad Social.

Me  asaltan dos cuestiones ¿Quién emprende de nuevo con ese estigma sobre sus espaldas? ¿Cómo tratar jurídicamente el fracaso empresarial “honradamente probado”?

Un segundo obstáculo importante para emprender en Europa es de sobra conocido: la financiación.Conseguir el millón de euros de capital inicial para invertir en Europa es relativamente fácil (la tríada “family, friends and foolish “sigue funcionando) y hay ejemplos de empresas familiares europeas exitosas, como la de los hermanos Samwer, ejemplos de ese boom alemán de inversiones de capital inicial que se ha quintuplicado en los últimos 5 años. Pero conseguir financiación para la consolidación de empresas (es decir capital entre 1,4 y 5 Mill de €) es casi imposible.

Los inversores europeos, en general, consideran el capital riesgo como activos “malos” y prueba de ello es de 2007 a 2011 el dinero europeo invertido en capital riesgo se redujo a la mitad, hasta los 4 mil millones de Euros. Hoy por hoy gran parte de estas inversiones provienen de los gobiernos y no de inversores privados lo que no juega precisamente a favor del prestigio internacional de las starts-ups europeas ya que, como algunos inversores apuntan, “si las ideas de los emprendedores europeos fueran “brillantes” el dinero vendría de otros países extracomunitarios como EE. UU.”Es decir, los inversores “se darían tortas” por invertir en ellas.

Aunque puede que haya algo de verdad en ésto, The Economist apunta también a que hay que tener en cuenta el hecho de que los inversores suelen mostrar preferencia por operar en su propio idioma y cultura. Es decir, que hay un componente “patriótico” en la geolocalización final de las inversiones del capital riesgo.Un “patriotismo empresarial” que solo parecen olvidar cuando las starts- ups entran en esa etapa de “éxito” donde sus necesidades de capital pueden superar los 20 mill de €. Parece que es a partir de ese momento cuando el dinero empieza ya a circular con su propia bandera.

El tercer obstáculo para el emprendimiento en Europa es la relación entre el fracaso empresarial y la legislación laboral. El fracaso suele hacer una mella más profunda en los momentos inicales de la empresa (debido casi siempre a las fluctuaciones de la demanda o a errores fatales cometidos en el diseño o implementación de la estrategia) y por ello la empresa necesita reducir los gastos de personal de forma rápida y al menor coste posible.

La compleja, diversa y costosa legislación laboral europea no facilita las cosas y parece que claramente desincentiva a inversores extracomunitarios como los estadounidenses.

Pero hay también otra cuestión laboral que se da en las altas instancias de la gestión que afecta también negativamente al desarrollo de las starts-up. Son las altas “prebendas” que exigen los grandes ejecutivos para hacerse cargo de nuevas encomiendas empresariales.

The Economist llama irónicamente a estas exigencias “golosinas” y se refiere a esos blindajes millonarios y a los sueldos astronómicos de los altos ejecutivos que resultan además de un insulto al progreso social, un factor de exclusión para que las starts-ups cuenten con los y las mejores del mercado en la dirección del negocio.

( Un apunte propio que hago: Las starts-ups son un yacimiento interesante para apostar por las mujeres como directoras ejecutivas y en, general, para introducir valores tradicionalmente femeninos al modelo de gestión de la empresa.Porque estos “valores femeninos empresariales” CONVERTIRÍAN EN “golosinas” las facilidades para conciliar la vida laboral y personal, la calidad en el clima laboral, el régimen de “coompetencia “ vs competencia y en general, el cuidado como estrategia de negocio: cuidamos de la empresa y empresa nos cuida. )

Pero ahí no es todo: las empresas europeas tienen dificultades añadidas a la hora de manejar las armas principales del emprendedor para “enganchar “ y retener al talento como es la suscripción de acciones,las opciones sobre acciones y acciones gratuitas.

Los emprendedores chocan de nuevo con otra compleja realidad jurídica que les desalienta de ofrecer a las mentes brillantes,otro tipo de “golosinas” económicas como la participación en el capital de la empresa, además, de lo que podría ser una fulgurante carrera en el mundo de los negocios.

Un alto ejecutivo europeo resume con un ejemplo lo que ocurre en Europa con los emprendedores: “si después de salir de Rusia, el padre de Sergey Brin, hubiera elegido Francia en vez de los Estados Unidos, el hijo se habría convertido en un científico informático en una torre de marfil en lugar del co-fundador de Google.”

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Ciudadanos griegos desarrollan un sistema financiero para el intercambio de bienes y servicios locales

Via Scoop.itInnovacion y Responsabilidad Social

The Guardian se hace eco de una iniciativa económica  basada en el proyecto holandés “Cyclos” que se expande en  Grecia con gran rapidez. Consiste en  una red de intercambio de bienes y servicios a nivel local que pueden pagarse, también, en una moneda conocida como TEM (acrónimo que traducido del griego significa “unidad alternativa local”).

La llamada “economía del trueque” es  conocida en algunas áreas de latinoamérica (desplegó su capacidad “reactiva” en Argentina durante el famoso  “corralito”)  y Asia donde muchas economías locales subsisten gracias a este sistema de intercambio y compraventa basado principalmente en la solidaridad y en las ganas de ayudar, es decir, en el beneficio social más que en la rentabilidad económica de la transacción.

Es importante tener presente que, al igual que otros sistemas de intercambio de servicios, como los “Bancos del Tiempo”,  su éxito radica en dos  principios, el de solidaridad y el de que todo el mundo, excepto los niños, los ancianos y los enfermos, puede hacer algo.

El sistema financiero que sostiene esta  “economía real” griega se basa en una moneda, el TEM. En la cuenta “on line” de la red (único medio de acceso, lo que dificulta en alguna medida su expansión) nadie puede acumular mas de 1.200 tems ni adeudar más de 300.

Las empresas también pueden formar parte de la red pero sus transacciones han de realizarse en una proporción del 50%. con tems.

Como dice una de sus socias entrevistada para el reportaje,  “No es pobre el que no tiene dinero sino el que no tiene nada que ofrecer” .

Las medidas populares que no gustan al PP

wall_st_1929vs2008La puesta en marcha de las ayudas de 420 euros que el Gobierno ha destinado para desempleados que en este mes hayan agotado su prestación—amén de otros requisitos—seguramente ha traído cierto respiro a muchas familias españolas. Entre ellas las de los 14 mil malagueños que pueden beneficiarse de esta medida que el Gobierno estudia ahora ampliar para el resto de los desempleados en similares circunstancias.

Sin embargo la noticia parece haber despertado cierto nerviosismo en el seno del partido popular a juzgar por las declaraciones de sus dirigentes, que han acusado al Presidente Zapatero de engañar a los parados con dichas ayudas en lugar de acometer reformas estructurales en la economía y en el mercado de trabajo (nunca dicen cuáles) que les pudieran garantizar un empleo.

Puede ser que una ayuda de 420 euros, limitada en importe y tiempo pero—y esto es muy positivo—condicionada a la búsqueda activa de empleo, no cambie sustancialmente el escenario social de todas las familias beneficiarias. Pero no por ello se ha de caer en la demagogia al relacionar el alcance de esta ayuda con cambios estructurales en el mercado de trabajo o en la economía en general, porque sus objetivos son otros.Creo que es preciso recordar que los mismos economistas que promueven la urgente reforma del mercado laboral recomendaban en el manifiesto que dieron a conocer en Abril de este año que el gobierno debía alargar la cobertura social a los parados mientras durase la crisis.

Lo que pretende una decisión gubernamental como la de ayudar con 420 euros a desempleados es activar mecanismos para asegurar la cobertura de las necesidades básicas de personas que podrían entrar en riesgo de exclusión social. Y esto en democracia se llama Justicia.

Sin duda los trabajadores han sido las víctimas más desfavorecidas de esta crisis. Los mismos que, gracias a sus rentas, sus hipotecas y créditos al consumo, permitieron la financiarización de un sistema bancario para el que la industria y otros sectores productivos y generadores de riqueza habían dejado de ser atractivos y en cuyas prácticas de gestión encontramos los orígenes de la crisis.

Hemos observado cómo desde el inicio de la crisis en el mundo y en España el protagonismo de los trabajadores ha ido aumentando a medida que el paro avanzaba en alarmante escalada. Primero fueron los ejecutivos de Wall Street, los miles de trabajadores del sector financiero que perdieron sus empleos. Luego el drama de los empleados del sector automovilístico que vieron cómo los gigantes de la industria quebraban y con ellos el futuro de su comunidad. En España, comprobamos como al aumento del paro procedente de la construcción se suma el drama de la destrucción del empleo autónomo. Por eso los planes de rescate aprobados por los Gobiernos no se hicieron esperar: el rescate al sector financiero, al sector de la construcción aumentado la participación de la Obra Pública (como el Plan E) y las ayudas al sector automovilístico, entre otros. Estamos comprobando como poco a poco, estos planes están contribuyendo a contener la sangría social que la crisis viene provocando y a la recuperación de algunas economías europeas como la alemana y la francesa. Entonces ¿por qué se empeñan los populares en atacar lo que podría considerarse un “plan de rescate” para las personas, unas ayudas que, por justicia, tratan de aliviar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los desempleados en España?

El articulista y escritor español Vázquez Montalbán decía que era recurrente en los ataques de los liberales acusar a los progresistas de “exceso de utopía” en sus políticas y que eso les incapacitaba para Gobernar la realidad. No es el caso del Gobierno de Zapatero que apuesta por enfrentar el problema del paro desde la situación real de injusticia y exclusión de los afectados En cambio la derecha de este país sigue empeñada en rebatir las medidas sociales del Gobierno con argumentos que ni siquiera adolecen del beneficio de la utopía porque lo único que pretenden es jugar con las expectativas de las personas.

El Gobierno no puede, por responsabilidad, olvidar que los trabajadores, los desempleados y sus familias, son víctimas de esta situación de crisis y las víctimas no pueden ser el eje de las reformas estructurales de la economía sino los principales beneficiados de las mismas, tal y como afirmaban 500 economistas españoles en el manifiesto que presentaron el pasado mes de junio.

Un partido político puede rodearse de una corte de economistas capaces de exponer más de 420 razones a favor o en contra de una medida gubernamental apoyados en estadísticas y modelos, aunque sean conscientes de que por sí solos no explican todas las realidades ni aportan soluciones definitivas. Pero, si de lo que estamos hablando es de influir en las realidades, en las experiencias de vida concretas que derivan de las dinámicas del mercado libre (¡oh libre mercado!) y viceversa, entonces hablamos de decidir y decidir es gobernar. Por eso, mientras la derecha sigue en su limbo y centra sus esfuerzos en pensar cómo cómo contrarrestar la popularidad de una necesaria ayuda a los parados decretada por el Gobierno, éste, afortunadamente, sigue gobernando.