“Los zapatos no se comen”. La fallida estrategia de la marca de zapatos Tom´s para luchar contra la pobreza

The Economist se hace eco aquí de un interesante estudio sobre la estrategia de Responsabilidad Social de la marca de zapatillas Toms.Como saben la marca de zapatillas Toms se compromete a regalar con la compra de un par otro par similar a jóvenes en situación de pobreza. Las zapatillas de la marca son de un diseño austero, enfocado a la utilidad, y, por tanto, acorde por tanto con su RSE. Se entiende que, en contextos de vulnerabilidad social no funcionaría una iniciativa como ésta si el producto estuviera asociado a un alto poder adquisitivo.Los dueños de la firma Toms pidieron a un grupo de investigadores que estudiaran el impacto de su estrategia RSE y el resultado no arrojó buenas noticias.No se encontraron evidencias claras de que se cumplieran los propósitos sociales de la marca, es decir, ni los chicos mejoraron su salud ni su autoestima y, lo que es curioso, tampoco descartaron sus zapatos viejos.El bajo impacto social de su programa RSE  ha llevado a la empresa a replantearse su estrategia introduciendo nuevas líneas de actuación como la donación de gafas de sol graduadas (un esfuerzo loable si atendemos a que la marca simplemente comercializa gafas de sol) o de zapatillas pero solo para jóvenes que se involucren en los proyectos comunitarios.Aunque tal y como señala uno de los iautores del estudio, “los zapatos no dan de comer”, son la mejor metáfora para entender que la ayuda al desarrollo puede hacer más llevadero el camino hacia la integración social y económica  si conseguimos que sus beneficiarios caminen con autonomía y también con la seguridad de su influencia sobre cualquier aparato de decisión, incluyendo el de marketing de la empresa.

Artistas y Creadores para la Economía del Conocimiento

Es un hecho constatable que los efectos de la crisis económica y financiera mundial han vapuleado seriamente a una Europa que parece dispuesta a transitar decididamente hacia una Economía del Conocimiento y de los Servicios.
Esta crisis emerge en pleno apogeo de lo que en estas últimas décadas se ha dado en llamar las “economías emergentes” entre las que se encuentran las de China, Brasil o India y que son las principales beneficiarias de este nuevo “capitalismo de especialización flexible” por el que las corporaciones empresariales desplazan la producción de bienes y servicios desde los epicentros urbanos clásicos donde se concentra el capital hacia estos países. Por tanto, en este nuevo modelo de acumulación del capital las grandes corporaciones tienden a dejar de producir en el mismo lugar donde diseñan y formulan sus estrategias comerciales, desencadenando, de esta forma, importantes transformaciones sociales y económicas pero también urbanas. A casi nadie le sorprende que el modelo del diseñador español que acaba de adquirir se haya fabricado en Vietnam o que un teleoperador hindú pueda dar atención a los clientes de una empresa de telefonía inglesa. Comprobamos así que lo que se piensa en una parte del planeta puede terminar produciéndose en otro extremo.
La Globalización económica ha sumado otros viejos pero renovados y “emergentes” problemas, llamados así por su especial complejidad, como las nuevas formas de entender la discriminación social y las consecuencias económicas y sociales del cambio climático.
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