Debo escribir sobre responsabilidad social de las empresas, precisamente hoy día en el que el diálogo social en España ha quedado roto, tomando como referencia un documental, “The Corporation” (http://tinyurl.com/nrsftb) que refleja las distintas vías por las que marchan los sistemas político, social y económico a velocidades también muy diferentes.
En España, hoy día 24 de julio el diálogo social ha quedado en punto muerto tras la negativa de las organizaciones empresariales a reconducir con responsabilidad la vía del crecimiento y la generación de empleo en nuestro país. Los empresarios han negociado con cuestiones irrenunciables para el estado del bienestar como son los derechos de los trabajadores o la fortaleza del sistema nacional de pensiones.
Esta actitud de la patronal española, sencillamente “irresponsable”, me lleva a posicionarme radicalmente sobre la necesidad de una regulación administrativa sobre los criterios que definen a una empresa como socialmente responsable, con el fin de dar coherencia a un paradigma de gestión empresarial que pretende influir positivamente en la sociedad, la economía y la política.
“The Corporation” es un documental que, entre otras cuestiones, repasa algunas de las consecuencias más dolosas que determinadas alianzas entre empresa-economía-política han provocado en el últimos siglo. La relación comercial entre IBM y el gobierno nazi o la privatización del agua en el estado de Cochabamba, en Bolivia (año 2000), son ejemplos en nuestra historia reciente de la complicidad entre gobiernos y empresas a la hora de defender intereses particulares que acaban convirtiendo en mercancía los derechos fundamentales de las personas.
La leyenda que reza bajo el título del documental “The Corporation: instituciones o psicópatas” me parece algo exagerada aunque debo admitir que algo de enferma debe tener una ciencia como la económica cuando los esfuerzos de parte de sus seguidores se centran en reconocer los modelos que generan riqueza o que permiten ganar ingentes cantidades de dinero en contextos de escasez, ya sean de recursos naturales, morales o de libertades y derechos.
Pero es cierto también como decía la profesora Calvente, al inicio del curso de la UNIA, que los juristas han llegado tarde a este debate principalmente económico y social de la RSE, lo que, desgraciadamente, no ha añadido cordura a la cuestión y a su influencia sobre los gobiernos.
Me voy a tomar la insolencia de decir que no es la primera vez que los juristas llegan a tarde a un debate sobre nuevos asuntos de gran trascendencia social y económica pero, en su defensa, debo añadir que estos retrasos vienen,casi siempre propiciados directa o indirectamente por una coyuntura política poco innovadora. Quizá sea porque, como sugiere Daniel Innerarity, al referirse a la imperante desregulación global de los mercados financieros como catalizadora de la actual crisis económica y finaciera, la política y el derecho también están perdiendo competencia cognitiva para estar a la altura de la innovación económica. Esta falta de cooperación cognitiva entre ambas disciplinas suele reflejarse,por ejemplo, en una acción pública plagada de regulaciones que, en ocasiones, sólo sirven para ordenar el pasado.
Extrapolando esta idea de Innerarity a los fallos del sistema público pienso,irónicamente, que mientras reformamos la doctrina y programamos la política, en otras palabras, mientras “damos órdenes, allí donde tenemos que aprender”, irremediablemente la vida sucede. Y sucede que ahí fuera, donde la verdad se encuentra, existe un movimiento civil activo que denuncia y empuja para cambiar leyes. Sucede que hoy el acceso al conocimiento y a la información nos define como gestores de sabiduría y como pensadores,como ciudadanos activos 2.0 capaces de liderar tendencias y protagonizar cambios pero no por ello libres de convertirnos en especuladores de verdades y rumores.Porque, también la red como arquitectura del conocimiento, requiere de bases firmes y de criterios sólidos y rigurosos además de cauces democráticos para que los gobiernos puedan acercarse a las realidades transformadoras de la sociedad y a sus representaciones.
Sucede pues, que la política sucumbe a la majestuosidad de esta renovada infraestructura social y la considera aliada de la gestión del interés común .De forma participada se está construyendo una ecuación política estado-ciudadano en el que el resultado supuestamente no debería ser otro que gobiernos sabios para sociedades generadoras de conocimiento.
La sabiduría es poder. Y la ignorancia osada, como dice el refrán. Una gestión ética del conocimiento podría determinar espacios sociales de responsabilidad compartida para entornos complejos donde cada individuo (sí, individuos porque las instituciones cualquiera que sea su naturaleza jurídica están gobernadas por individuos, quizá psicópatas) siempre es un ejemplo potencial a seguir, para lo bueno y para lo malo.
Una política de gestión responsable del conocimiento proveería de accesos al mismo, en condiciones de igualdad de oportunidades a cualquier individuo .Otra cuestión a debatir sería dónde se encuentra el conocimiento,amén de quién y qué difunde.
Porque dudo que la educación reglada, formal, pueda por si sola hacernos responsables.El filósofo Ivan Illich decía que hay una formación, la del corazón, que desgraciadamente hemos dejado fuera de las aulas: “Veo que desde la fundación de la Universidad en la Alta Edad Media, la tradición humanista se ha alimentado primordialmente de la formación de los hábitos críticos. La educación superior se ha convertido en refinamiento de los hábitos de la mente, mientras el servicio militar, las escuelas, la familia conyugal y después los media han tomado sobre sus hombres los tristes remanentes de la formación del corazón”.Probablemente,Illich, estuviera en lo cierto.
Por ello, ¿dònde pueden encontrarse las soluciones?
En un post anterior me acogí a la definición de la política como la gestión de los valores.Y creo que es viable para este objetivo apostar por una renovada forma de acción política: de repensar la política con espíritu crítico, con sabiduría(con conocimiento compartido) y desde la solidaridad. La política tiene que configurarse como un ente responsable que acoja procesos de empatía colectiva donde el individuo integra en sus actuaciones el factor aleatorio de verse en la desventaja de otro en algún momento de su vida.Ahí radicará también su carácter innovador.
En definitiva sostengo que la sociedad responsable necesita de una política responsable: repensada desde el corazón, basada en el principio de igualdad de oportunidades y en la confianza en los principios de mérito y capacidad.
Porque se necesita de mérito para reconocer lo que es justo y necesario para todos y de capacidad para actuar siempre con justicia y en igualdad.
Vuelvo a la noticia del día,la ruptura del diálogo social ,y me satisface recordar que en Málaga empresarios,sindicatos y una administración provincial sí han sido capaces de firmar un acuerdo de concertación social. Todo un ejemplo de responsabilidad social que pueden descargarse aquí: http://www.box.net/shared/nvg1xf0vcf

